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miércoles, 4 de septiembre de 2013

La edad mínima de consentimiento sexual pasará de los 13 años a los 16.

El Gobierno va a elevar la edad de consentimiento sexual en España, de los 13 años en los que está fijada actualmente a los 16. Eso quiere decir que si un adulto tiene relaciones sexuales con un chico o chica que aún no haya cumplido los 16, aunque estas sean consentidas, el adulto podrá ser condenado por “abusos” a una pena de entre dos y seis años de cárcel (hasta 12 años si hay penetración vaginal, anal o bucal). Habrá, sin embargo, una excepción: las relaciones sexuales consentidas con un menor de 16 años no serán delito “cuando el autor sea una persona próxima a la víctima por edad y grado de desarrollo o madurez”. Una circunstancia eximente muy genérica, cuya concreción quedaría, aparentemente, a criterio del juez.

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martes, 9 de septiembre de 2008

Violencia juvenil: Violencia escolar.

Foto editada por DesertMonsterBell

"Son muchas las noticias en los medios acerca de la violencia en general, y en particular la que afecta a menores, pues además de la denominada "doméstica" que no cesa de manifestarse explícitamente, empieza a desbordarnos la "escolar" y la de "hijos contra padres", por no hablar de la inherente a determinadas pandillas o grupos de adolescentes y jóvenes o, incluso, la denominada violencia callejera, con connotaciones políticas incuestionables -"kale borroca"- entre otras.

Violencia escolar.
Este es un fenómeno que ha existido siempre, asentado en una forma de percibir la realidad en la que el acosador se siente superior, exento de culpa, no empatiza con la víctima y además en ocasiones, se ve apoyado y jaleado por otro grupo de compañeros, bien por miedo a ser víctimas también, bien por formar parte del grupo del acosador. Otros, a disgusto con lo que ven quieren ayudar pero no saben cómo, otros ayudan a sabiendas de que pueden convertirse en acosados... Los profesores en ocasiones no han sido capaces de identificar el problema por la sutileza con la que, en ocasiones, se practica.

Lo novedoso de estas situaciones es el uso de las nuevas tecnologías para grabar y reproducir vejaciones y actos violentos, una nueva vertiente que habrá que tener en cuenta para la prevención y tratamiento.

Se trata de un fenómeno demasiado frecuente en nuestras aulas y pasillos, que no siempre, siendo benévola, ha sido precisamente un fenómeno adeuadamente abordado y tratado en los contextos en que se ha venido produciendo y altamente agresivo para el alumnado implicado de una u otra manera. Más que la cantidad de casos que se producen, preocupan sus graves consecuencias en el desarrollo de la personalidad del menor, ya sea víctima (a la que provoca angustia, ansiedad, terror a ir al colegio, fracaso escolar, depresiones, pérdida de autoestima y, en los casos más graves, ideas suicidas), agresor (que en su madurez puede asumir de forma permanente ese rol a través del "mobbing" en el trabajo o de la violencia doméstica y de género en casa) o mero testigo (otros escolares asisten mudos al llamado "bullying" y corren el riesgo de asumir de por vida una actitud de pasividad y tolerancia frente a la violencia.

La Instrucción 10/2005 dictada por la Fiscalía General del Estado sobre el tratamiento del acoso escolar desde el sistema de justicia juvenil apuesta por un "primer nivel de lucha" contra el fenómeno que, a través de la intervención de padres, profesores y comunidad escolar, se centre en la prevención de las actitudes de acoso. Según la Fiscalía el margen de actuación de los centros escolares es, además, tan amplio como eficaces son las medidas que pueden adoptar: incremento de la vigilancia, reorganización de los horarios del profesorado para atender a las necesidades de los alumnos afectados, intervención de mediadores, cambios de grupo, etcétera."

MARTINEZ GARCÍA, C. (Coord.) (2007) LOS SISTEMAS DE PROTECCIÓN DE MENORES EN LA ESPAÑA DE LAS AUTONOMÍAS. SITUACIÓN DE RIESGO Y DESAMPARO DE MENORES. ACOGIMIENTO FAMILIAR Y ACOGIMIENTO RESIDENCIAL. Madrid: Editorial Dykinson. (Pág. 85 - 86).

domingo, 6 de abril de 2008

La prevención de la incompetencia social.

"El concepto de competencia social engloba las perspectivas educativas más actuales relativas al ámbito de la integración social y, por consiguiente, en lo relativo a la prevención del fracaso personal y social.

Podemos definir la competencia social como el conjunto de capacidades y habilidades que ayudan a desenvolverse con éxito en los distintos ámbitos sociales, proporcionando una mejor salud mental y en definitiva una existencia más feliz (Moraleda, 1998). Para nosotros implica un patrón de adaptación efectiva al ambiente.

La competencia resulta de una serie de complejas interacciones entre la persona y su entorno. Sin duda alguna, según el entorno que rodee a la persona su competencia social se verá o no favorecida. Los comportamientos, las cogniciones y los afectos que permiten desenvolverse adecuadamente a nivel social difieren de una cultura a otra. Además, las demandas sociales también varían dependiendo de la edad, el sexo y la educación recibida entre otros factores (Trianes et al., 2000). El siguiente gráfico (basado en el realizado por Fernández Durán, 2004) resume lo que se entiende por competencia, los factores que le influyen y los componentes de que consta.

Moraleda (1999) distingue tres tipos de componentes dentro de la competencia, en función de los cuales se puede producir una mayor o menor adaptación social: componentes actitudinales, cognitivos y procedimentales.

Los componentes actitudinales pueden ser:
  • prosociales (como la solidaridad y el liderazgo social que facilitan las relaciones sociales),
  • aversivos (como la agresividad-terquedad, y la dominancia que destruyen las relaciones sociales), y
  • asociales (como la empatía y retraimiento, y la ansiedad y timidez que inhiben las relaciones).
En los componentes cognitivos de la competencia social se incluyen:
  • procesos relacionados con la calidad de percepción de los adolescentes (locus de control, estilo educativo de la familia),
  • los estilos cognitivos (reflexivo o impulsivo, dependiente o independiente, y emotivo, o rígido) y
  • las habilidades en la resolución de problemas sociales.
Finalmente, los componentes procedimentales de la competencia social se refieren a las formas de actuar de los adolescentes en las situaciones sociales:
  • estrategias cognitivas sociales (planes de acción mental que sirven para el desarrollo de una determinada actitud social) y
  • habilidades sociales.
De lo anterior se desprende que el desarrollo de la competencia requiere de múltiples niveles de intervención, como los esfuerzos dirigidos a cambiar las capacidades de la persona, las oportunidades de los contextos o lugares en los que la persona se desarrolla, en especial el ambiente de la familia y de la escuela (mediante la enseñanza a padres de habilidades de crianza, la reforma en las escuelas), o el logro de un mejor ajuste entre la persona y su contexto."

GARRIDO GENOVÉS, V. y LÓPEZ, M.J. (Coord.) (2005) MANUAL DE INTERVENCIÓN EDUCATIVA EN READAPTACIÓN SOCIAL. Vol. 2 Los programas del pensamiento prosocial. Valencia: Editorial Tirant Lo Blanch. (Págs. 37 - 38)


lunes, 31 de marzo de 2008

Programa para el desarrollo de la personalidad y la educación en derechos humanos

Foto editada por See-ming Lee ???SML

"El conjunto de actividades que configuran estos programa de intervención psicoeducativa para la educación en derechos humanos tiene tres grandes objetivos:
  1. Crear y promover el desarrollo del grupo
  2. Identificar y analizar percepciones, estereotipos y prejuicios, y
  3. Analizar la discriminación, disminuir el etnocentrismo y comprender la interdependencia entre individuos, grupos y naciones.
El programa de intervención ha sido diseñado y adaptado para su administración a grupos de adolescentes de 12 a 14 años, aunque muchas de estas actividades se pueden utilizar en edades superiores. Esta experiencia puede ser aplicada por el profesor-tutor del grupo o por otro adulto con formación psicopedagógica (psicólogo, pedagogo,...). El programa está constituido por 60 actividades distribuidas en siete módulos o ejes de intervención cada uno de los cuales incluye de 8 a 10 actividades. Estos módulos son:
  1. Autoconocimiento y autoconcepto: Incluye ocho actividades que fomentan el autoconocimiento y el conocimiento de los otros, así como la mejora de la autoimagen y de la imagen de los demás.
  2. Comunicación intragrupo: Incorpora nueva actividades para estimular la comunicación intragrupo y el desarrollo de destrezas que mejoren la comunicación humana.
  3. Expresión y comprensión de sentimientos: Contiene ocho actividades que facilitan la identificación y la expresión de sentimientos, así como el análisis de las causas y consecuencias de varios sentimientos y los mecanismos de resolución adaptativa de sentimientos negativos.
  4. Relaciones de ayuda y cooperación: Se proponen diez juegos que estimulan las relaciones de ayuda y cooperación entre los miembros del grupo.
  5. Percepciones y estereotipos: Se incluyen ocho actividades que favorecen la identificación de percepciones y estereotipos, el contraste con las percepciones de los demás y la reflexión sobre el impacto de la percepción en la conducta.
  6. Discriminación y etnocentrismo: Incorpora ocho actividades que permiten analizar la discriminación favoreciendo la apertura a las perspectivas de otros grupos socioculturales, la disminución del etnocentrismo y una comprensión de la interdependencia existente entre individuos, grupos o naciones.
  7. Resolución de conflictos: Contiene nueve actividades en las que se presentan situaciones de conflicto que tienen por finalidad activar técnicas y procesos de análisis y resolución de conflictos variados.
GARAIGORDOBIL LANDAZABAL, M. (2000) INTERVENCIÓN PSICOLÓGICA CON ADOLESCENTES. Un programa para el desarrollo de la personalidad y la educación en derechos humanos. Madrid: Psicología Pirámide. (Pág 93).

sábado, 29 de marzo de 2008

El riesgo de reducir el ocio a ociosidad y a diversiones de consumo

"En muchos adolescentes de hoy se observa falta de sentido en la manera de entender y vivir el tiempo libre. Uno de los fallos principales es el de confundir ocio con ociosidad. Uno de los fallos principales es el de confundir ocio con ociosidad. Creen que lo propio del tiempo libre es no hacer nada; piensan que si en ese tiempo hacen algo con esfuerzo no descansan ni se lo pasan bien. Por ello hay que aclararles cuanto antes que el ocio no es ociosidad, sino cambio de actividad (una actividad gustosa elegida por uno mismo, pero actividad). El ocio es descanso activo, tiempo ocupado con actividades creadoras.

Es un error plantear el tiempo libre como un corte radical con el tiempo de la actividad, del esfuerzo y de las obligaciones. Hay que descansar y divertirse, pero evitando esa mala relajación que consiste en abandonarse como persona y como miembro activo y responsable de una comunidad.

La vida ociosa (la ociosidad habitual y prolongada) anquilosa tanto el cuerpo como el espíritu. Esto afecta aún más a las personas mayores que a las personas jóvenes. Un ejemplo típico es el del jubilado que interrumpe totalmente su anterior vida activa; en estas condiciones envejece mucho más rápidamente que el jubilado que ocupa de algún modo su tiempo.

Para Víctor Frankl la ociosidad lleva a la pasividad espiritual y contribuye a crear lo que él denomina el "vacío existencial" o vacío interior en el que se hunde el hombre cuando su vida carece de sentido. Esto último es lo que ocurre en esa diversión nocturna de los adolescentes que está hoy tan de moda en los países industrializados del mundo occidental, y que se conoce con diferentes nombres:"la movida" (España); "la disco" (México); "la rumba" (Colombia); "la taquilla"(Chile), etc.

La "movida" es una diversión noctívaga (vagabundo durante muchas horas seguidas de la noche); uniforme (igual para todos); con el propósito de disfrutar "a tope" (al máximo o al límite) de experiencias relacionadas con los sentidos externos; masificada (en un ambiente de gran aglomeración de personas que se desconocen entre sí); repetitiva (siempre se hace lo mismo); impersonal (en los bares y discotecas la música a todo volumen no deja margen para la conversación).

La "movida" es una de las formas actuales de la diversión de consumo. A los adolescentes de hoy no se les da la oportunidad de divertirse libremente, aportando su imaginación y creatividad personal. La industria del tiempo libre, con la ayuda de la publicidad, piensa por ellos; les vende una diversión comercializada, totalmente hecha, y se la sirve en los bares, discotecas y salas de juegos con máquinas electrónicas. Los adolescentes de la "movida" se convierten así en un rentable mercado para el gran negocio de la diversión.

En el ambiente de la "movida" no sólo no se descansa físicamente, sino que se acaba agotado. Piénsese lo que supone estar un mínimo de cuatro horas seguidas luchando contra el sueño, en una noche llena de ajetreo y no exenta de excesos de todo tipo, sobre todo en la bebida. Piénsese también en el día después: el cuerpo acusa mucho la inversión del ritmo sueño y vigilia; además, de día se duerme peor.

En la "movida" no hay posibilidad para la fiesta. Falta silencio, sosiego, diálogo y actitud contemplativa. Y sobra ruido, bullicio, alboroto y trepidación."

CASTILLO CEBALLOS, G. (1999) EL ADOLESCENTE Y SUS RETOS. La aventura de hacerse mayor. Madrid: Ediciones Pirámide. (Págs. 185 - 186).


miércoles, 26 de marzo de 2008

Evaluación de la relación padres-hijos en la adolescencia


Foto editada por panshipanshi

ESPA29, ESCALA DE SOCIALIZACIÓN PARENTAL EN LA ADOLESCENCIA.

"Muchos de los profesionales que trabajan con adolescentes consideran que el contexto familiar es clave para explicar su conducta. Un mayor conocimiento de las relaciones que mantienen con sus padres (el estilo de socialización) permitirá comprender mejor su funcionamiento y sería un excelente apoyo a la intervención, ya sea con el adolescente o con sus padres. El ESPA29 ofrece ese conocimiento. El adolescente valora cuál es la reacción de cada progenitor ante 29 situaciones relevantes de su vida diaria. Estas valoraciones permiten obtener medidas de la Aceptación/implicación y Coerción/imposición que manifiesta cada padre, así como medidas más específicas. Finalmente permite clasificar a cada progenitor dentro de un estilo de socialización: autorizativo, indulgente, autoritario o negligente".

MUSITO,G. y GARCÍA, F.: ESPA29, ESCALA DE SOCIALIZACIÓN PARENTAL EN LA ADOLESCENCIA. TEA.

domingo, 23 de marzo de 2008

La intervención educativa en el marco de la Ley del Menor: Los problemas de la ley



Foto editada por Meison

"A pesar de las expectativas alentadoras, por su carácter socioeducativo, que la nueva Ley Orgánica de Responsabilidad Penal del Menor 5/2000 acarreó para muchos operadores jurídicos, educadores, psicólogos, criminólogos y, en general,para todo el conjunto de profesionales que desarrollaban su trabajo con menores en situación de riesgo social, durante los años de vigencia de esta ley han sido numerosas las críticas que la han acompañado. Incluso antes de su entrada en vigor numerosos jueces, fiscales y agentes educativos mostraron sus reticencias hacia la administración respecto a su aplicación. así, la falta de recursos humanos y materiales para su correcta implementación, la escasa especialización de los diferentes profesionales encargados de ejecutar las medidas educativas y las diferencias interautonómicas en lo referente a recursos han destacado como los principales elementos de mejora (Garrido, Alba y López, 2004).

Además, la ambigüedad de la ley -en la actividad práctica real- en cuanto a la delimitación diferenciada entre lo educativo y lo sancionador no ha sido resuelta todavía. La divergencia de criterios entre fiscales y equipos técnicos educativos puede ser una de las razones que incidan en este hecho.

Debemos, por tanto, conocer hasta qué punto las sanciones o medidas de los jóvenes están basadas en criterios legales o educativos. Sólo así seremos capaces de comprender la realidad cotidiana de los juzgados en tanto en cuanto la medida impuesta finalmente influirá de manera significativa en el proceso de rehabilitación de los sujetos. En este sentido, existen una serie de problemas derivados del propio sistema penal que impiden conseguir esa finalidad educativa proclamada por la ley en su exposición de motivos (Giménez Salinas, 2004):
  1. Se ha experimentado un aumento considerable de las medidas de internamiento en detrimento de las actuaciones realizadas en medio abierto.
  2. Por otro lado. el tiempo transcurrido hasta la resolución de la medida se aproxima cada vez más al de los adultos.
  3. Existe una tendencia a imponer internamientos y medidas más restrictivas en sujetos socialmente desfavorecidos en comparación con aquellos mejor situados socialmente ante la comisión de infracciones de similiar gravedad.
  4. Las actuaciones ineficaces ante los escasos casos de intensa violencia acompañados de gran alarma social contaminan el sistema.
Por otro lado, y aunque escasean estudios metodológicos acerca de la realidad educativa de esta ley, contamos con el informe del Defensor del Pueblo ( El primer año de vigencia de la ley reguladora de la responsabilidad penal de los menores, 2002) que arrojó conclusiones interesantes sobre este asunto:
  1. Se recomienda incrementar el número de centros existentes para el cumplimiento de internamientos terapéuticos.
  2. Los centros deberían incrementar el número existente de programas de deshabituación al consumo de estupefacientes para evitar el traslado de los menores en régimen cerrado a recursos externos.
  3. Es necesario determinar qué profesionales y con qué titulación pueden desarrollar funciones educativas en estos centros.
  4. Deberán crearse sistemas eficaces de supervisión e inspección por parte de las administraciones competentes, para que la actividad que se desarrolla en los centros por parte de entidades privadas se ajuste plenamente a lo señalado por la ley."
LÓPEZ LATORRE, Mª J., ALBA ROBLES, J.L. y GARRIDO GENOVÉS, V. (2005) La intervención educativa en el marco de la Ley del Menor. En GARRIDO GENOVÉS, V. MANUAL DE INTERVENCIÓN EDUCATIVA EN READAPTACIÓN SOCIAL. Vol.1. Fundamentos de la intervención. Valencia: Editorial Tirant Lo Blanch.(Págs.108 a 110).

sábado, 22 de marzo de 2008

La psicopatía y la delincuencia juvenil: ¿dónde está el origen?


Foto editada por Meison

"El reciente estudio clínico y empírico del psicópata describe un trastorno de personalidad definido por una constelación de características conductuales, interpersonales y afectivas (Hare, 1993; Hare, 1993; Hart y Hare, 1997). Con respecto a la conducta, los psicópatas realizan acciones de riesgo, buscan sensaciones, se dejan llevar por la impulsividad y se implican en diferentes actividades delictivas. En el plano interpersonal son egocéntricos, manipuladores, arrogantes, sin capacidad de empatía. Y en el terreno de los afectos, sus emociones son superficiales y son incapaces de establecer vínculos significativos con los demás (Hare, 1998). en general, los investigadores destacan en el psicópata una falta profunda de sentimiento de culpa, la ausencia de remordimientos y el desprecio del bienestar y los derechos de las otras personas (Hare, 1991, 1993; Lynam, 1996).
La psicopatía se evalúa con la Escala de Psicopatía Revisada de Hare (PCL-R), donde el factor 1 recoge esos elementos interpersonales y afectivos antes reseñados, y el factor 2 se asocia al comportamiento antisocial e impulsivo (ver cuadro 1).

Es bien conocido que en el trascurso del desarrollo la psicopatía, así como otros trastornos relacionados (trastorno antisocial de la personalidad, trastorno disocial, trastorno de oposición, etc.) son más prevalentes en hombres que en mujeres (Salekin, Rogers y Dayli, 2001). En el estudio National Comorbidity Surver, aparece que el trastorno de la psicopatía es cinco a siete veces más común en hombres que en mujeres (Paris, 1998). Una posible razón es que la sociedad no fomenta la agresividad en las chicas, y ya que la psicopatía destaca especialmente la violencia y la conducta antisocial, las mujeres serían diagnosticadas en mucha menor medida en este trastorno (Hamilton, Rothbart y Dawes, 1986).

Los efectos del psicópata para la sociedad son devastadores. Ellos son responsables de una gran cantidad de delitos, y sin duda están entre los delincuentes más violentos y persistentes (Forth y Burke, 1998); además, son los que tienen mayores opciones de reincidir una vez salen de la carcel (Serin, Peters y Barbaree, 1990).

Cuadro 1. Los ítems de los dos factores del PCL-R
Factor 1.
Encanto superficial y locuacidad
Sentimiento de grandiosidad personal
Mentira patológica
Manipulación
Falta de sentimiento de culpa y de arrepentimiento
Emociones superficiales
Insensibilidad/falta de empatía
Incapaz de reconocer la responsabilidad de sus actos.

Factor 2.
Búsqueda de sensaciones
Estilo de vida parásito
Falta de autocontrol
Problemas de conducta precoces
Sin metas realistas
Impulsividad
Irresponsabilidad
Delincuencia juvenil
Violación grave de la libertad condicional

Y hay tres items adicionales:
Conducta sexual promiscua
Muchas relaciones maritales breves
Versatilidad delictiva

GARRIDO GENOVÉS, V. (2005) MANUAL DE INTERVENCIÓN EDUCATIVA EN READAPTACIÓN SOCIAL. Vol. 1. Fundamentos de la intervención. Valencia: Editorial Tirant Lo Blanch. (Págs. 75 a 77).

miércoles, 19 de marzo de 2008

Adolescencia: una etapa del ciclo vital

"El proceso de maduración personal que se produce a lo largo de la adolescencia tiene una fase inicial que es, al mismo tiempo, su motor de arranque: la pubertad. En ella comienza el despegue de la infancia, pero sin llegar a alcanzar mucha altura. El púber no rompe totalmente con su pasado (como lo prueban, por ejemplo, los frecuentes casos de regresión a la conducta infantil). El púber es un niño que está empezando a dejar de serlo.

Si se nos preguntase cuál es la función principal (no la única) de la pubertad contestaríamos, sin dudarlo, lo siguiente: el logro de la madurez física y sexual, o , si se prefiere, la conquista de la adultez biológica. La fase puberal no se orienta esencialmente, por tanto, a la obtención de la adultez psicológica y social. Esta última adultez será la meta fundamental de la adolescencia intermedia y de la adolescencia superior o edad juvenil.

La pubertad es un movimiento vital hacia el exterior. En este momento no ha nacido todavía la intimidad, la vida interior. Por eso el púber autoafirma el "yo" hacia afuera, en el ámbito del comportamiento externo.
Lo que ocurre en la pubertad (también llamada pubescencia) se puede resumir así: el cuerpo infantil se transforma en un cuerpo adulto en un espacio de tiempo muy corto (no suele ser superior a dos años). Las definiciones más conocidas de pubertad se refieren a esa transformación física tan rápida, tan espectacular y tan decisiva para el presente y para el futuro de quien la experimenta.

El púber sufre inicialmente un impulso biológico muy brusco que se traduce en una aceleración del crecimiento somático. En este fenómeno tiene un papel fundamental la hipótefisis. Este órgano de secreción interna situado en una excavación de la base del cráneo es el que estimula a los productores de hormonas del crecimiento y de la maduración sexual.

La pubertad comienza con un llamativo crecimiento en longitud que se conoce como "la fase de estiramiento" o como "el estirón de la adolescencia". Este crecimiento afecta a diferentes partes del cuerpo, pero sobre todo a las extremidades y al esqueleto de la cara. Se observa un significativo aumento tanto de la estatura como del volumen de la caja torácica y del peso global del cuerpo.

Es importante precisar que la estatura y el peso no aumentan de forma simultánea: las fases de estiramiento (crecimiento en estatura) se van alternando con las fases de ensanchamiento (aumento del grosor del cuerpo). Ésta es una de las causas de la disarmonía de las proporciones que tanto desagrada y preocupa a los adolescentes.

Las transformaciones de la pubertad se refieren tanto al tamaño del cuerpo como a su forma. El púber observa con estupor cómo, en muy poco tiempo, su cara de niño es sustituida por una nueva cara que pretende ser el adulto, pero que, de momento, es sólo la cara fea típica del adolescente. Es una cara que todavía ni está proporcionada ni está animada por la mímica, lo que da lugar a las muecas sin sentido. No menos extrañeza produce en el púber el hecho de que sus movimientos pierden la gracia y la soltura que tenían en la infancia para hacerse ahora bamboleantes y torpes.

A todo ello hay que añadir posibles trastornos del crecimiento como consecuencia de una mala regulación hormonal. No son infrecuentes los casos de retraso y de adelanto del crecimiento; tampoco son descartables los casos de enanismo y de gigantismo.

En lo que se refiere a la maduración sexual deben destacarse dos fenómenos fundamentales.
1) Por una parte, la aparición de los caracteres sexuales secundarios, distintos según el sexo, que anuncian la llegada de la función reproductora. Son caracteres típicos del varón la aparición del vello en el pubis y el cambio de la voz. Es propio de la mujer el desarrollo de las glándulas mamarias. Estos caracteres se llaman secundarios por oposición a los caracteres sexuales primarios que están presentes ya desde el nacimiento.
2) El segundo fenómeno que hace posible la maduración sexual es el desarrollo de los órganos genitales (ovarios y testículos). Estos órganos adquieren en la pubertad el grado de madurez necesario para la función reproductora. A partir de este momento se agrandan las diferencias tanto físicas como psíquicas entre el hombre y la mujer.

El hecho de que las transformaciones típicas de la pubertad sean algo fácilmente perceptible, facilita mucho saber cuándo se inicia y cuándo termina en cada caso. Un índice objetivo del comienzo de la pubertad es, en los chicos, la capacidad de eyaculación, y en las chicas la primera menstruación.

El momento de la pubertad varía en cada persona según el sexo, la salud, la alimentación, el ambiente social y cultural en el que ha vivido, la educación recibida, etc. Actualmente existe una clara tendencia a su adelanto. Por término medio, la pubertad empieza a los once años en las mujeres y a los trece años en los hombres."

CASTILLO CEBALLOS, G (1999) EL ADOLESCENTE Y SUS RETOS. LA AVENTURA DE HACERSE MAYOR. Madrid: Pirámide.(Págs. 115 a 117)