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lunes, 19 de abril de 2010

Relacionarnos bien








Foto editada por Mau Alcántara






Los cinco pensamientos o habilidades
cognitivas señalados por Spivack i Shure, necesarios para relacionarnos bien.

  1. Pensamiento causal.
  2. Pensamiento alternativo.
  3. Pensamiento consecuencial.
  4. Pensamiento perspectiva.
  5. Pensamiento de medios-fin.


jueves, 15 de enero de 2009

La asertividad

  • "Se define la conducta asertiva como la expresión de las propias necesidades sin sufrir ansiedad y sin vulnerar las necesidades de otras personas, siguiendo las normas de cortesía al uso (Brown y Levinson, 1987). El comportamiento asertivo supone la expresión de los propios derechos y opiniones sin vulnerar los derechos de los otros, y es también una expresión abierta de nuestras preferencias, de manera que lleve a otros a tomarlas en cuenta (McDonald, 1978). Otras definiciones destacan que la conducta asertiva ayuda a conseguir objetivos deseados y porduce consecuencias positivas para las relaciones interpersonales y para la propia autoestima y autoconfianza. Lo que se considera conducta asertiva varía en función del género, pues es diferente lo que se considera conducta asertiva hábil en un niño que en una niña, y también varía en función de la situación o contexto (p. ej., escolar o familiar).

  • La conducta asertiva se considera una dimensión de las llamadas habilidades sociales, las cuales se definen como conductas aprendidas y socialmente deseables que capacitan a la persona para interactuar eficazmente con otros y evitar respuestas socialmente indeseables. Se asocia ser sertivo con ser competente socialmente (Adams y Roopnarine, 1994), tener alta autoestima (Giri, 2003) y presentar habilidades de afrontamiento ante situaciones de estrés escolar (Newby-Fraser y Schlebusch, 1997). Por otro lado, se encuentran bajos niveles de conducta asertiva en adolescentes que son víctimas de abuso de sus compañeros (Shwartz, Chang y Lee-Shin, 2002).

  • La conducta asertiva puede se un objetivo educativo deseable en niños y niñas, ya que supone emitir la conducta social apropiada en situaciones difíciles, percibidas como atropello de derechos u obstaculización de objetivos personales, y que podrían suscitar la conducta agresiva. La aserción es, pues, una alternativa aceptable socialmente, que puede sustituir a la respuesta agresiva, de mayor coste social."

TRIANES TORRES, M.V. y MUÑOZ SÁNCHEZ, Á.M. y JIMÉNEZ HERNÁNDEZ, M. (2007) LAS RELACIONES SOCIALES EN LA INFANCIA Y EN LA ADOLESCENCIA Y SUS PROBLEMAS. Madrid: Editorial Pirámide. Colección Ojos Solares. Psicología. (págs. 25 a 26).

miércoles, 31 de diciembre de 2008

Las Habilidades Sociales

Foto editada por una cierta mirada

"Toda habilidad social es un comportamiento o tipo de pensamiento que lleva a resolver una situación social de manera efectiva, es decir, aceptable para el propio sujeto y para el contexto social en que está. Así, las habilidades sociales han sido vistas como comportamientos o pensamientos que son instrumentales para resolver conflictos, situaciones o tareas sociales.

Las diversas definiciones de habilidades sociales han puesto de relieve que estos comportamientos, que son valorados y reforzados socialmente, influyen además beneficiosamente en el desarrollo social a largo plazo. Además proporcionan aceptación y estima por parte de los agentes sociales. Son los agentes sociales los que juzgan si la conducta es o no competente. Esta valoración externa es una garantía de adaptación social y desarrollo de habilidades más potentes. Además proporciona sentimientos de valía y competencia personal, lo cual es también condición saludable para el bienestar y felicidad.

A lo largo de los años cincuenta y sesenta las habilidades sociales se definían como comportamientos observables y concretos; por ejemplo, saber sonreír y mirar a los ojos cuando alguien te habla. Estas habilidades concretas son fácilmente evaluables por un observador, pero resulta claro que sólo son componentes puntuales de otros procesos más complejos que integran la competencia social, y parecen más directamente relacionadas con beneficios inmediatos (por ejemplo que alguien te devuelva la sonrisa) que con efectos a largo plazo en la vida del niño.

Posteriormente, estas habilidades se concibieron como comportamientos más globales, pero también observables y evaluables externamente por sociométricos o cuestionarios; por ejemplo, saber corresponder a un favor recibido, tener muchos amigos, etc., vinculándolas así a la aceptación o popularidad entre iguales, resultado éste sumamente relevante para el desarrollo del niño a largo plazo.

También existen habilidades internas, como pensamientos o sentimientos; por ejemplo, la toma de perspectiva (ponerse en el punto de vista de otro) o la empatía (sentir las emociones que otro siente), que son sólo asequibles a través de la introspección del individuo, por autoinforme. Además, se caracterizan estas habilidades de forma amplia, como vamos a comentar en el resto de capítulo.

Hoy la teoría sobre habilidades sociales integran estos diferentes elementos considerando que suponen diversos aspectos situados a distinto nivel (conductual, cognitivo y emocional) de la conducta. En la tabla siguiente podemos ver algunos ejemplos de estas diferencias.

Ejemplos de distintos tipos de habilidades sociales en niños pequeños.

HABILIDADES SOCIALES QUE SE MANIFIESTAN EN LA CONDUCTA OBSERVABLE:
  • Mirar a los ojos de quien te habla.
  • Sonreír a quien te mira amistosamente.
  • Saber expresar las emociones.
  • Saludar y devolver un saludo.
  • Comportamientos educados en la mesa.
  • Saber repartir caramelos si tienes muchos.
HABILIDADES SOCIALES CENTRADAS EN LA ACEPTACIÓN DE IGUALES:
  • Saber hacer y mantener amigos.
  • Saber ceder en un conflicto.
  • Dejar que otros niños entre en el juego.
  • Defender a un amigo si le atacan.
HABILIDADES SOCIALES INTERNAS:
  • Saber aplazar un deseo.
  • Ponrese en el punto de vista del otro.
  • Controlar un enfado.
  • Fijarse un objetivo que se desea conseguir.
  • Conocer formas de resolver conflictos sociales.
La lista de habilidades sociales es larga. Todas ellas son relevantes para enseñar o alimentar la competencia social en niños o adolescentes. Sin embargo, existen algunas habilidades que se consideran muy relevantes, centrales en el corazón de la construcción de competencia social. A continuación vamos a hablar de tres habilidades sociales que podrían ser introducidas en el currículo educativo para la infancia y adolescencia: la negociación, la asertividad y el comportamiento prosocial, las cuales se pueden enseñar incluso en la escuela infantil."

TIRANES TORRES, M.V.; MUÑOZ SÁNCHEZ, A.M. y JIMENEZ HERNÁNDEZ, M. (2007) LAS RELACIONES SOCIALES EN LA INFANCIA Y EN LA ADOLESCENCIA Y SUS PROBLEMAS. Madrid: Editorial PIRÁMIDE. Colección OJOS SOLARES. Desarrollo. PSICOLOGÍA (págs. 20 a 22).

lunes, 15 de septiembre de 2008

La Psicopatología Infantil.

Foto editada por laterojc

"Etimológicamente, la palabra psicopatología, deriva de psique (alma o razón), pato (enfermedad) y logos (cátedra o ciencia). El término psicopatología puede ser en dos sentidos:
  1. Como designación de área de estudio. Hace referencia a aquella área de la salud que describe y sistematiza los cambios en el comportamiento que no son explicados ni por la maduración o el desarrollo del individuo, ni son resultados de procesos de aprendizaje, también entendidos como enfermedades o trastornos mentales.
  2. Como término descriptivo. Es aquella referencia específica a un signo o síntoma, precursor o perteneciente a uan enfermedad o trastorno. El término psicopatología puede ser usado también para denotar conductas o experiencias indicadoras de enfermedad o trastorno mental, incluso cuando no constituyan un diagnóstico formal. Por ejemplo, la presencia de alucinaciones puede ser considerada como un signo patológico, aunque no haya suficientes síntomas presentes para completar los criterios requeridos, o para completar el diagnóstico, de una enfermedad completa según las clasificaciónes existentes. En un sentido más general, cualquier conducta que cause malestar, impedimento o inhabilidad, a raíz de una disrupción o deterioro de funciones cerebrales cognitivas o neurocognitivas, podría ser clasificada de psicopatológica.
El pequeño con psicopatología.

El niño, dentro de su contexto familiar y social, establece unas relaciones afectivas que le permiten desarrollar sus capacidades sensoriales, motrices, cognitivas y de comunicación, así como un estilo de aprendizaje particular.

Según las expectativas de su entorno, el niño desarrollará sus potenciales de una forma u otra. Una de las características básicas de la psicopatología del niño pequeño es la interdependencia con el funcionamiento psíquico de la madre. Éste, así como el del padre, son muy importantes, y que, de ellos depende en gran parte el posible desarrollo futuro de una psicopatología en el hijo. Muchos profesionales de la salud estarían de acuerdo al afirmar que de la salud mental de los padres, así como del estilo de vida que lleven, del nivel de estrés soportado y las horas de ocio de que dispongan, del tipo de actividades sociales en las que se impliquen, etc., puede depender la aparición de una psicopatología en el pequeño.

De la interacción padres e hijos, surgen diversos tipos de patologías que podrían agrupoarse en cuatro grandes grupos:
  1. La insuficiencia o la carencia bajo sus diferentes formas.
  2. La sobrecarga por exceso de excitación o por insuficiencia de protección del niño frente a estímulos exteriores.
  3. Las incoherencias cuantitativas, cualitativas y episódicas (déficit socioeconómico y afectivo del entorno del niño)
  4. Las discordias sobre la alimentación, el control esfinteral y la inducción fonética, que conducen a problemas como la anorexia, el estreñimiento o las alteraciones del lenguaje.

Es importante que exista un equilibrio adecuado entre los momentos de contacto que estimulan al niño, y de descanso o soledad del pequeño. La madre debe responder adecuadamente a las necesidades del niño estableciendo una armonía funcional, tanto física como mental.

Sería un error ignorar el papel que el propio niño juega en la superación de sus propias dificultades y, sobre todo, negar su participación activa en un proceso de normalización. Por un lado, a veces no tenemos en cuenta que el niño está dotado de acciones y de conductas que impiden en gran medida su integración en un determinado entorno y, por otro, negamos completamente su propia capacidad para administrar un mínimo de esfuerzo y voluntad, que le permita cualquier tipo de autonomía.

No son únicamente sus dificultades o limitaciónes las que llevan a la segregación sino, sobre todo, su forma de vivirse a sí mismo y, en consecuencia, su manera de relacionarse con los demás, la posibilidad de adaptarse a un rol que le permita formar parte de un grupo. Es decir, la capacidad para establecer vínculos de identificación con las personas de su entorno."

BUJ PEREDA, M. JOSÉ (2007) PSICOPATOLOGÍA INFANTIL. Barcelona: Editorial Horosri. (Págs. 5 a 7).


viernes, 8 de agosto de 2008

Las relaciones sociales

Foto editada por Gustavog

"Desde hace más de veinte años el área de trabajo y de intervención de las habilidades sociales ha ido fortaleciéndose en nuestro país y tomando posiciones acordes con los tiempos actuales y sus necesidades. Aparece ahora como el área más eficaz para prevenir la violencia en contextos familiares y escolares, una amenaza presente en los dos contextos más relevantes para un desarrollo saludable y armonioso. La violencia interpersonal en la familia es hoy un problema recurrente de alta intensidad. No sólo preocupa la violencia de género en las relaciones de pareja, sino la violencia intergeneracional que, además, se observa en una doble dirección: el maltrato de los padres hacia los hijos y el maltrato del hijo adolescente que actúa de forma negativista o produce daños físicos o psíquicos a su madre o padre. En ambos casos se trata de contextos en los que prima una interacción autoritaria, carente de afecto, sin empleo del humor ni cooperación ni ayudas, donde se resuelven los problemas y conflictos interpersonales de manera inhábil, agresiva o excesivamente directiva. Este tipo de contextos se asocia a la génesis de problemas de conducta social con consecuencias de psicopatología.

Por tanto, si en el contexto familiar predomina la comunicación, se expresa el afecto, se respetan los límites y se resuelven los conflictos interpersonales mediante la negociación y el consenso, entonces los hijos aprenderán habilidades sociales que faciliten su educación y permitan una vida más armoniosa a sus padres. Si un niño o niña es educado en un ambiente facilitador como el que se ha descrito más arriba, es improbable que se convierta en un maltratador de sus padres cuando llegue a la adolescencia. La influencia de la familia y de la educación en los tres primeros años de edad, cuando la experiencia escolar es muy débil, es fundamental para lograr un desarrollo armónico y saludable. En los tres primeros años de vida un niño o niña debe haber establecido los rudimentos de su carácter y personalidad en base a lo que sus padres han moldeado en él o ella, bien con sus estrategias educativas intencionadas, o bien con su ejemplo cotidiano, reforzando determinadas conductas, y sugiriendo, permitiendo y conteniendo otras.

En el contexto escolar se ha reconocido que enseñar estrategias no agresivas de solución de conflictos interpersonales es una de las vías más efectivas para lograr climas sociales positivos y prevenir violencia y conflictos mal resueltos. Los programas que enseñan solución competente de los conflictos interpersonales representan hoy una vía de tratamiento y prevención de la violencia escolar. En estos programas se enseña, tanto a profesorado como alumnado, habilidades socio-cognitivas como respetar al otro, ponerse en el punto de vista de otros, búsqueda de consensos, negociación, expresarse asertivamente, cooperar, ayudar y otras igualmente importantes. Una vez enseñadas, el centro escolar debe ajustar sus normas de disciplina a los objetivos de promoción de habilidades sociales y practicar diariamente, en cualquier conflicto que surja, el afrontamiento hábil y las estrategias competentes que se han enseñado. Además, el centro también debería promover valores y actitudes acordes con una resolución pacífica de conflictos personales, contra el empleo de la violencia en las relaciones humanas, a favor de la búsqueda del consenso, negociación, respeto y consideración hacia los demás.

Algunos problemas de la conducta social son innatos, y otros totalmente aprendidos, pero tanto unos como otros se afirman o se reducen dependiendo del asesoramiento que reciba la familia. Por supuesto que, en muchos casos, una medicación bien administrada ayuda, pero es indispensable una buena orientación a la familia y al entorno inmediato del niño o niña. Estos niños o niñas afectados de problemas de la conducta social, cuando sean adultos podrán desarrollar vidas plenas y ser felices dependiendo del tratamiento que haya tenido su problema en la infancia y adolescencia. Por otra parte, muchos jóvenes y adultos delincuentes informan de haber tenido en su infancia problemas de conducta mal resueltos por causa de fracasos en la familia.

El libro que se presenta trata de esta extensa área del estudio e intervención que son las habilidades sociales. Establece primero un marco teórico para explicar el punto de partida que se adopta en el libro. A continuación, en el capítulo 3 se desarrollan los problemas individuales de la conducta social, tanto los que se producen por exceso (agresividad) como por defecto (inhibición y timidez). Los tres restantes capítulos se dedican a explicar modelos y estrategias de intervención en las habilidades sociales, en consultas clínicas, en la familia y en la escuela. Cada uno de estos tres capítulos, que contienen de por sí muchas aplicaciones al campo profesional o para los padres, lleva una guía práctica que desarrolla algunas ideas más para aplicar en la práctica los principios que se sugieren. Estas guías prácticas aparecen al final del libro.

Esperamos que sea un instrumento útil para educar más conscientemente a los niños y niñas, enseñando estrategias desde los primeros años que les conviertan en buenos solucionadores de problemas y conflictos interpersonales. De esta manera les dotaremos de recursos para que lleguen a lograr felicidad y salud independientemente de cualesquiera avatares que les disponga la vida."

TRIANES TORRES, Mª V.; MUÑOZ SANCHEZ, A. Mª. y JIMENEZ HERNÁNDEZ, M. (2007) INTRODUCCIÓN. EN "LAS RELACIONES SOCIALES EN LA INFANCIA Y EN LA ADOLESCENCIA Y SUS PROBLEMAS". Madrid: Ed. PIRÁMIDE. (Págs. 11 a 13)


domingo, 11 de mayo de 2008

¿Qué tipo de trastorno es la psicopatía?

Foto editada por See-ming Lee ??? SML

"Hay quien considera la psicopatía como un trastorno mental de la misma manera que la esquizofrenia o la depresión. Son los menos; la mayoría de los psiquiatras y psicólogos y, en particular, muchos de los participantes en este libro consideramos que la psicopatía no es un trastorno mental, sino un trastorno de la personalidad. Aunque los psicópatas son personas muy trastornadas, no evidencian las graves distorsiones cognitivas (alucinaciones, delirios y razonamientos distorsionados) que caracterizan a los esquizofrénicos.

El trastorno de personalidad que padecen los psicópatas se traduce en la aparición de problemas en tres vertientes a la vez:
- en sus relaciones con los demás,
- en su afectividad, y
- en su conducta.

En el primer ámbito, los psicópatas tienden a manipular y engañar a los demás. En su vertiente afectiva, adolecen de empatía: son incapaces de ponerse en el lugar de otro. Finalmente, su comportamiento es antisocial.

Ciertamente, si sólo nos fijáramos en el comportamiento antisocial de los psicópatas (como otros hacen), diagnosticarímos demasiados casos de este trastorno entre criminales y pocos casos entre no criminales. Esto nos lleva a plantearnos la tercera pregunta, la relativa a la confusión entre psicopatía y criminalidad."

RAINE, ADRIAN y SANMARTÍN, JOSE (2000) "Introducción". En "VIOLENCIA Y PSICOPATÍA". Barcelona: Editorial Ariel. Estudios sobre Violencia. (Págs. 5 - 11).

lunes, 31 de marzo de 2008

Programa para el desarrollo de la personalidad y la educación en derechos humanos

Foto editada por See-ming Lee ???SML

"El conjunto de actividades que configuran estos programa de intervención psicoeducativa para la educación en derechos humanos tiene tres grandes objetivos:
  1. Crear y promover el desarrollo del grupo
  2. Identificar y analizar percepciones, estereotipos y prejuicios, y
  3. Analizar la discriminación, disminuir el etnocentrismo y comprender la interdependencia entre individuos, grupos y naciones.
El programa de intervención ha sido diseñado y adaptado para su administración a grupos de adolescentes de 12 a 14 años, aunque muchas de estas actividades se pueden utilizar en edades superiores. Esta experiencia puede ser aplicada por el profesor-tutor del grupo o por otro adulto con formación psicopedagógica (psicólogo, pedagogo,...). El programa está constituido por 60 actividades distribuidas en siete módulos o ejes de intervención cada uno de los cuales incluye de 8 a 10 actividades. Estos módulos son:
  1. Autoconocimiento y autoconcepto: Incluye ocho actividades que fomentan el autoconocimiento y el conocimiento de los otros, así como la mejora de la autoimagen y de la imagen de los demás.
  2. Comunicación intragrupo: Incorpora nueva actividades para estimular la comunicación intragrupo y el desarrollo de destrezas que mejoren la comunicación humana.
  3. Expresión y comprensión de sentimientos: Contiene ocho actividades que facilitan la identificación y la expresión de sentimientos, así como el análisis de las causas y consecuencias de varios sentimientos y los mecanismos de resolución adaptativa de sentimientos negativos.
  4. Relaciones de ayuda y cooperación: Se proponen diez juegos que estimulan las relaciones de ayuda y cooperación entre los miembros del grupo.
  5. Percepciones y estereotipos: Se incluyen ocho actividades que favorecen la identificación de percepciones y estereotipos, el contraste con las percepciones de los demás y la reflexión sobre el impacto de la percepción en la conducta.
  6. Discriminación y etnocentrismo: Incorpora ocho actividades que permiten analizar la discriminación favoreciendo la apertura a las perspectivas de otros grupos socioculturales, la disminución del etnocentrismo y una comprensión de la interdependencia existente entre individuos, grupos o naciones.
  7. Resolución de conflictos: Contiene nueve actividades en las que se presentan situaciones de conflicto que tienen por finalidad activar técnicas y procesos de análisis y resolución de conflictos variados.
GARAIGORDOBIL LANDAZABAL, M. (2000) INTERVENCIÓN PSICOLÓGICA CON ADOLESCENTES. Un programa para el desarrollo de la personalidad y la educación en derechos humanos. Madrid: Psicología Pirámide. (Pág 93).

lunes, 24 de marzo de 2008

Delincuencia y escuela

Foto editada por Gabirulo

"Como ya hemos mencionado, la literatura especializada ha demostrado que la gran mayoría de los delincuentes juveniles son fracasados escolares. Otro hallazgo consistente es que las conductas perturbadoras en la escuela se relacionan con la conducta delictiva posterior, lo que podría estar relacionado con la insatisfacción escolar (Otero-López et al., 1994). Por lo tanto, podemos decir que los niños y jóvenes menos capacitados y con peor conducta en la escuela tienen más probabilidades de cometer delitos que aquellos con un buen rendimiento escolar y un buen ajuste en la escuela (Garrido, 1987).

No resulta claro, sin embargo, si el fracaso escolar es una causa de la delincuencia, si la conducta perturbadora en el aula es la que provoca el fracaso escolar, o si ambos son manifestaciones de un patrón desviado anterior.

Estas dudas quedan reflejadas en el papel que distintas teorías otorgan a la experiencia escolar en la manifestación de las conductas delictivas. Repasando brevemente algunas de las más relevantes, mencionemos que la teoría de la tensión o frustracción (strain theory), contempla a la escuela como una institución de clase media en la que los chicos de clase baja tienen menores oportunidades de competir con éxito. Al no poder disponer de una de las grandes vías legítimas de acceso a las metas culturalmente establecidas, esos jóvenes cometerán delitos para compensar su frustración y elevar su autoestima. Los teóricos del etiquetado, por su parte, entienden que la etiqueta que se impone a los niños difíciles propicia que el sistema escolar les trate de un modo hostil, sin importar -a partir del etiquetado- la realidad objetiva de sus acciones, contribuyendo a que los jóvenes asuman tal etiqueta y, consecuentemente, a que se impliquen en mayor medida en actividades antisociales y posteriormente delictivas.

Quizás la explicación más interesante con respecto a la relación escuela-delincuencia sea la correpondiente a la teoría del desarrollo social de Hawkins y Weis de 1985. Esta teoría identifica la familia, la escuela y el grupo de pares como las unidades más importantes en el desarrollo del ser humano, de modo que cuanto mayor sea el grado de compromiso que el niño mantenga con ellas, más posibilidades existirán para prevenir la aparición de la delincuencia juvenil (siempre que los modelos de comportamiento sean prosociales).

Motivación, conducta y logro escolar.
Loeber y Stouthamer-Loeber (1986) en su estudio ya mencionado sobre predictores de la delincuencia llegaron a algunas conclusiones interesantes en este punto: (1) que los malos resultados escolares eran en un vierto grado anunciadores de delincuencia futura, y (2) que la mayoría de los delincuentes crónicos podían ser reconocidos por sus problemas de conducta y otras deficiencias a la edad escolar (ya que generalmente se muestran impacientes, irresponsables, y con conducta perturbadora y dañina hacia los demás). Sobre éste último aspecto, Farrington (1992) señala que aquellos pueden ser identificados por sus profesores en el primer grado escolar, ya que manifiestan comportamientos perturbados de forma continuada. Con respecto al logro educativo, este autor señala que un bajo nivel intelectual y de éxito escolar entre los 8 y 10 años permite predecir la delincuencia juvenil, tanto la oficial como la declarada, la comisión de delitos a la edad adulta y la reincidencia.

Ambiente escolar.
El ambiente escolar ha sido otro factor de riesgo analizado en su contribución a la conducta antisocial. Los colegios pueden diferenciarse por su organización, localización, métodos de enseñanza, actitud del profesorado y otra serie de características, de tal manera que los diferentes centros escolares pueden influir en los patrones delictivos de los chicos, especialmente en referencia al número de niños que admiten con problemas de conducta (Kazdin y Bruela, 1994). Las diferencias entre las escuelas en los porcentajes de delincuencia no pueden se explicadas exclusivamente por las diferencias en la clase social y razonamiento verbal de los alumnos que ingresan en ellas; antes bien, parece lógico que ciertos aspectos de las escuelas puedan contribuir a estos porcentajes.

El estudio más famoso de los efectos de la escuela en la delincuencia fue llevado a cabo por Rutter et al (1979) en el que se medía la estructura escolar, su organización y funcionamiento, y donde los principales factores escolares relacionados con la delincuencia fueron una alta presencia de castigos como medida disciplinaria, malas condiciones de trabajo (ej.: aulas poco limpias, mobiliario en mal estado...), escasa atención del maestro a los problemas del niño, y pocos elogios por parte de los profesores al trabajo realizado. Pero es difícil saber si estos factores son causa o consecuencia de la conducta antisocial en el aula, la cual con toda seguridad está ligada a la delincuencia fuera del recinto escolar. En cualquier caso, las características del colegio pueden contribuir e incrementar el riesgo de conducta antisocial."

LÓPEZ-LATORRE, M.J. y GARRIDO GENOVÉS, V. (2005) La psicología de la delincuencia juvenil: explicaciones y predicción. En GARRIDO GENOVÉS, V. MANUAL DE INTERVENCIÓN EDUCATIVA EN READAPTACIÓN SOCIAL. Vol. 1. Fundamentos de la intervención. Valencia: Editorial Tirant Lo Blanch. (Págs. 64 - 66).

sábado, 22 de marzo de 2008

La psicopatía y la delincuencia juvenil: ¿dónde está el origen?


Foto editada por Meison

"El reciente estudio clínico y empírico del psicópata describe un trastorno de personalidad definido por una constelación de características conductuales, interpersonales y afectivas (Hare, 1993; Hare, 1993; Hart y Hare, 1997). Con respecto a la conducta, los psicópatas realizan acciones de riesgo, buscan sensaciones, se dejan llevar por la impulsividad y se implican en diferentes actividades delictivas. En el plano interpersonal son egocéntricos, manipuladores, arrogantes, sin capacidad de empatía. Y en el terreno de los afectos, sus emociones son superficiales y son incapaces de establecer vínculos significativos con los demás (Hare, 1998). en general, los investigadores destacan en el psicópata una falta profunda de sentimiento de culpa, la ausencia de remordimientos y el desprecio del bienestar y los derechos de las otras personas (Hare, 1991, 1993; Lynam, 1996).
La psicopatía se evalúa con la Escala de Psicopatía Revisada de Hare (PCL-R), donde el factor 1 recoge esos elementos interpersonales y afectivos antes reseñados, y el factor 2 se asocia al comportamiento antisocial e impulsivo (ver cuadro 1).

Es bien conocido que en el trascurso del desarrollo la psicopatía, así como otros trastornos relacionados (trastorno antisocial de la personalidad, trastorno disocial, trastorno de oposición, etc.) son más prevalentes en hombres que en mujeres (Salekin, Rogers y Dayli, 2001). En el estudio National Comorbidity Surver, aparece que el trastorno de la psicopatía es cinco a siete veces más común en hombres que en mujeres (Paris, 1998). Una posible razón es que la sociedad no fomenta la agresividad en las chicas, y ya que la psicopatía destaca especialmente la violencia y la conducta antisocial, las mujeres serían diagnosticadas en mucha menor medida en este trastorno (Hamilton, Rothbart y Dawes, 1986).

Los efectos del psicópata para la sociedad son devastadores. Ellos son responsables de una gran cantidad de delitos, y sin duda están entre los delincuentes más violentos y persistentes (Forth y Burke, 1998); además, son los que tienen mayores opciones de reincidir una vez salen de la carcel (Serin, Peters y Barbaree, 1990).

Cuadro 1. Los ítems de los dos factores del PCL-R
Factor 1.
Encanto superficial y locuacidad
Sentimiento de grandiosidad personal
Mentira patológica
Manipulación
Falta de sentimiento de culpa y de arrepentimiento
Emociones superficiales
Insensibilidad/falta de empatía
Incapaz de reconocer la responsabilidad de sus actos.

Factor 2.
Búsqueda de sensaciones
Estilo de vida parásito
Falta de autocontrol
Problemas de conducta precoces
Sin metas realistas
Impulsividad
Irresponsabilidad
Delincuencia juvenil
Violación grave de la libertad condicional

Y hay tres items adicionales:
Conducta sexual promiscua
Muchas relaciones maritales breves
Versatilidad delictiva

GARRIDO GENOVÉS, V. (2005) MANUAL DE INTERVENCIÓN EDUCATIVA EN READAPTACIÓN SOCIAL. Vol. 1. Fundamentos de la intervención. Valencia: Editorial Tirant Lo Blanch. (Págs. 75 a 77).

viernes, 21 de marzo de 2008

Programa de juegos cooperativos y creativos

"El volumen 4 de la serie presenta el programa de juego cooperativo y creativo para grupos de 10 a 12 años de edad. En primer lugar se expone el programa de juego, y en segundo lugar se plantea la metodología y los instrumentos de evaluación que permiten medir los efectos del programa en diversas variables del desarrollo de los niños y niñas que realizan esta experiencia.

En el primer capítulo se describe el programa de juego, detallándose sus objetivos generales y concretos, las características estructurales de los juegos cooperativos y creativos que contiene, la configuración del programa en subtipos de juegos, el procedimiento metodológico para desarrollarlo con un grupo y las fichas técnicas de los juegos. Estas fichas técnicas contienen información de cada juego referida a seis parámetros:
  1. Los objetivos de ese juego, es decir, el análisis de las dinámicas afectivas, sociales, intelectuales y psicomotrices que el juego estimula.
  2. La descripción de la actividad en lo que se refiere a las instrucciones y al procedimiento para llevarla a cabo.
  3. Una batería de preguntas para la fase de debate posterior al juego cuya finalidad es fomentar la reflexión sobre lo sucedido en el grupo durante el juego, sobre los productos de la actividad realizada, etc.
  4. Los materiales que se requieren.
  5. El tiempo estimado de duración del juego.
  6. La forma de estructuración del grupo para su desenvolvimiento.
El programa tiene principalmente dos objetivos generales. En primer lugar, pretende potenciar el desarrollo integral de los niños y niñas que no presentan dificultades en su crecimiento, incidiendo especialmente en el desarrollo socioemocional y de la creatividad infantil. En segundo lugar, este programa de juego tiene una función terapéutica , ya que con esta experiencia se intenta integrar socialmente a los niños que tienen dificultades en su desarrollo emocional e intelectual.

En su conjunto, los juegos que contiene el programa estimulan la comunicación, la cohesión, la confianza y el desarrollo de la creatividad, subyaciendo a ellos la idea de aceptarse, cooperar y compartir, jugando e inventando juntos. El programa está configurado con 110 juegos que estructuran interacciones cooperativas, fomentan la conducta prosocial y la creatividad, y se distribuyen en cuatro grandes módulos o tipos de juegos:

1) juegos cooperativos de creatividad verbal;
2) juegos cooperativos de creatividad dramática;
3) juegos cooperativos de creatividad gráfico-figurativa, y
4) juegos cooperativos de creatividad plástico-constructiva.

Para la clasificación de los juegos se ha tomado como criterio la dimensión o ámbito de la creatividad más significativa movilizada por la actividad lúdica.

La aplicación del programa con un grupo consiste en desarrollar una sesión de juego semanal durante todo el curso escolar, y las sesiones tienen una duración temporal de 2 horas en las que se realizan dos o tres actividades lúdicas. Después de la realización de cada juego, así como en la fase de cierre de la sesión, los participantes reflexionan sobre diversas cuestiones tales como: los sentimientos experimentados, el grado de participación y cooperación de todos los que han intervenido en la ejecución de las actividades, el respeto de las reglas de juego, el nivel de creatividad de los productos lúdicos...

El segundo capítulo presenta la metodología y los instrumentos para evaluar los efectos del programa en diversos factores de la personalidad infantil, describiéndose tanto las pruebas psicológicas que se administran antes y después del programa de juego, como la metodología de evaluación continua cualitativa que esta intervención propone. Para la evaluación experimental antes-después se sugieren catorce instrumentos utilizados en el estudio de validación del programa que permiten medir un amplio abanico de variables del desarrollo social, emocional e intelectual tales como:

1) conductas sociales diversas (conductas de consideración con los demás, de autocontrol, de retraimiento, de ansiedad social, de liderazgo, conductas asertivas-pasivas-agresivas en la interacción con iguales, conductas prosociales, conductas antisociales);
2) percepción o imagen de los compañeros de grupo como personas prosociales y creativas;
3) estrategias cognitivas de resolución de situaciones sociales;
4) autoconcepto global y creativo;
5) estabilidad emocional;
6) conductas y rasgos característicos de las personas creativas;
7) inteligencia verbal-no verbal, y
8) creatividad verbal y gráfico-figurativa.

La descripción de los instrumentos de evaluación empleados en lo que se refiere a sus procedimientos de aplicación, corrección y valoración, así como la metodología observacional cualitativa utilizada para la evaluación continua de la experiencia se exponen en el segundo capítulo. En relación a la metodología de evaluación continua del programa, el libro incluye ejemplos de análisis de los productos de la actividad o del juego, ya que estos productos permiten observar la situación y evolución del grupo en relación a los objetivos del programa. Además, estos ejemplos sirven como referencia de las ejecuciones en las actividades del programa durante este nivel evolutivo.

GARAIGORDOBIL LANDAZABAL, M. (2004) JUEGOS COOPERATIVOS Y CREATIVOS PARA GRUPOS DE NIÑOS DE 10 A 12 AÑOS.(Vol. 4) . Madrid: Editorial Pirámide. Colección Ojos Solares. Programa.(Págs. 21 a 23).



jueves, 20 de marzo de 2008

Componentes de la personalidad.

"Podemos hablar de la personalidad como una mezcla de factores temperamentales (determinados por la biología) y caracterológicos (determinados por el ambiente). Seguidamente abordamos con brevedad dichos componentes de la personalidad:

a) Temperamento.
El temperamento se refiere a las influencias innatas, genéticas y constitucionales que influyen sobre la personalidad. Es decir, constituiría la dimensión biológica de la personalidad. Cloninger et al. (1993) han planteado cuatro posibles dimensiones biológicas del temperamento:
  1. "Búsqueda de novedad o activación conductual". Se refiere a una tendencia genérica a implicarse en actividades exploratorias que lleven a la estimulación placentera o a otras recompensas, o bien a un comportamiento que evite el aburrimiento o la monotonía.
  2. "Evitación del daño o inhibición conductual". Se refiere a la inhibición de comportamientos que conducirían al castigo, a situaciones nuevas o a la frustración.
  3. "Dependencia de la recompensa o mantenimiento conductual". Es la tendencia constitucional a responder a las situaciones reforzantes y a mantener comportamientos que continúan produciendo placer o que alivian el castigo.
  4. "Persistencia". Es la tendencia a continuar realizando una conducta a pesar de los posibles obstáculos o dificultades.
Otros autores (p. ej., Costa y McCrae, 1985) hablan de cinco grandes factores temperamentales de la personalidad (Big Five), que serían los siguientes:
  1. "Neuroticismo". Tendencia al malestar psicológico y a la conducta impulsiva.
  2. "Extraversión". Tendencia a implicarse en situaciones sociales y a sentir alegría y optimismo.
  3. "Apertura a la experiencia". Curiosidad, receptividad a nuevas ideas y expresividad emocional.
  4. "Amabilidad". Grado en que se muestra compasión y hostilidad hacia los demás.
  5. "Responsabilidad". Grado de organización y compromiso con los objetivos personales.
b) Carácter.
El carácter se refiere a factores psicosociales, aprendidos, que influyen sobre la personalidad. Buena parte del carácter se forma a lo largo de la experiencia y del proceso de socialización. Los esquemas se encontrarían dentro del concepto de carácter, al ser algo aprendido, generalmente durante la infancia. El carácter, incluyendo los esquemas (de especial relevancia en los trastornos de la personalidad), reflejaría la dimensión psicológica de la personalidad (Sperry, 1999). Y ha sido habitualmente el carácter lo que ha constituido el objetivo de tratamiento para las distintas terapias dirigidas a al modificación de los TP.
  • Sobre los esquemas. Los esquemas se refieren a las creencias básicas que utiliza un individuo para organizar su visión sobre sí mismo, el mundo (incluyendo a las demás personas) y el futuro. Segal (1988) define los esquemas como "elementos organizados a partir de experiencias y reacciones pasadas que forman un cuerpo relativamente compacto y persistente de conocimiento capaz de dirigir las valoraciones y percepciones posteriores". Cottraux y Blackburn (2001), siguiendo los planteamientos de Aaron Beck, describen tres niveles de procesamiento de la información relevantes para la comprensión de los trastornos de la personalidad. El primer nivel se compone de esquemas, que almacenan postulados y suposiciones básicas que se utilizan para interpretar la información. Sólo la información que concuerda con los esquemas es procesada de forma completa. El segundo nivel consta de procesos cognitivos o distorsiones cognitivas. Aquí, la asimilación de la experiencia al contenido de un esquema predomina sobre la acomodación de un esquema a los hechos de la experiencia. En el tercer nivel, los procesos cognitivos traducen los esquemas en pensamientos automáticos. Éstos se definen como monólogos, diálogos o imágenes internos que no son conscientes a menos que el individuo fije su atención en ellos."
CABALLO, V. E. (2004) Manual de trastornos de la personalidad. Descripción, evaluación y tratamiento. Madrid: Editorial Síntesis.(Págs. 27 a 28)


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miércoles, 19 de marzo de 2008

Adolescencia: una etapa del ciclo vital

"El proceso de maduración personal que se produce a lo largo de la adolescencia tiene una fase inicial que es, al mismo tiempo, su motor de arranque: la pubertad. En ella comienza el despegue de la infancia, pero sin llegar a alcanzar mucha altura. El púber no rompe totalmente con su pasado (como lo prueban, por ejemplo, los frecuentes casos de regresión a la conducta infantil). El púber es un niño que está empezando a dejar de serlo.

Si se nos preguntase cuál es la función principal (no la única) de la pubertad contestaríamos, sin dudarlo, lo siguiente: el logro de la madurez física y sexual, o , si se prefiere, la conquista de la adultez biológica. La fase puberal no se orienta esencialmente, por tanto, a la obtención de la adultez psicológica y social. Esta última adultez será la meta fundamental de la adolescencia intermedia y de la adolescencia superior o edad juvenil.

La pubertad es un movimiento vital hacia el exterior. En este momento no ha nacido todavía la intimidad, la vida interior. Por eso el púber autoafirma el "yo" hacia afuera, en el ámbito del comportamiento externo.
Lo que ocurre en la pubertad (también llamada pubescencia) se puede resumir así: el cuerpo infantil se transforma en un cuerpo adulto en un espacio de tiempo muy corto (no suele ser superior a dos años). Las definiciones más conocidas de pubertad se refieren a esa transformación física tan rápida, tan espectacular y tan decisiva para el presente y para el futuro de quien la experimenta.

El púber sufre inicialmente un impulso biológico muy brusco que se traduce en una aceleración del crecimiento somático. En este fenómeno tiene un papel fundamental la hipótefisis. Este órgano de secreción interna situado en una excavación de la base del cráneo es el que estimula a los productores de hormonas del crecimiento y de la maduración sexual.

La pubertad comienza con un llamativo crecimiento en longitud que se conoce como "la fase de estiramiento" o como "el estirón de la adolescencia". Este crecimiento afecta a diferentes partes del cuerpo, pero sobre todo a las extremidades y al esqueleto de la cara. Se observa un significativo aumento tanto de la estatura como del volumen de la caja torácica y del peso global del cuerpo.

Es importante precisar que la estatura y el peso no aumentan de forma simultánea: las fases de estiramiento (crecimiento en estatura) se van alternando con las fases de ensanchamiento (aumento del grosor del cuerpo). Ésta es una de las causas de la disarmonía de las proporciones que tanto desagrada y preocupa a los adolescentes.

Las transformaciones de la pubertad se refieren tanto al tamaño del cuerpo como a su forma. El púber observa con estupor cómo, en muy poco tiempo, su cara de niño es sustituida por una nueva cara que pretende ser el adulto, pero que, de momento, es sólo la cara fea típica del adolescente. Es una cara que todavía ni está proporcionada ni está animada por la mímica, lo que da lugar a las muecas sin sentido. No menos extrañeza produce en el púber el hecho de que sus movimientos pierden la gracia y la soltura que tenían en la infancia para hacerse ahora bamboleantes y torpes.

A todo ello hay que añadir posibles trastornos del crecimiento como consecuencia de una mala regulación hormonal. No son infrecuentes los casos de retraso y de adelanto del crecimiento; tampoco son descartables los casos de enanismo y de gigantismo.

En lo que se refiere a la maduración sexual deben destacarse dos fenómenos fundamentales.
1) Por una parte, la aparición de los caracteres sexuales secundarios, distintos según el sexo, que anuncian la llegada de la función reproductora. Son caracteres típicos del varón la aparición del vello en el pubis y el cambio de la voz. Es propio de la mujer el desarrollo de las glándulas mamarias. Estos caracteres se llaman secundarios por oposición a los caracteres sexuales primarios que están presentes ya desde el nacimiento.
2) El segundo fenómeno que hace posible la maduración sexual es el desarrollo de los órganos genitales (ovarios y testículos). Estos órganos adquieren en la pubertad el grado de madurez necesario para la función reproductora. A partir de este momento se agrandan las diferencias tanto físicas como psíquicas entre el hombre y la mujer.

El hecho de que las transformaciones típicas de la pubertad sean algo fácilmente perceptible, facilita mucho saber cuándo se inicia y cuándo termina en cada caso. Un índice objetivo del comienzo de la pubertad es, en los chicos, la capacidad de eyaculación, y en las chicas la primera menstruación.

El momento de la pubertad varía en cada persona según el sexo, la salud, la alimentación, el ambiente social y cultural en el que ha vivido, la educación recibida, etc. Actualmente existe una clara tendencia a su adelanto. Por término medio, la pubertad empieza a los once años en las mujeres y a los trece años en los hombres."

CASTILLO CEBALLOS, G (1999) EL ADOLESCENTE Y SUS RETOS. LA AVENTURA DE HACERSE MAYOR. Madrid: Pirámide.(Págs. 115 a 117)